12.13.2009

SU JUEGO

"No podría soportar a un hombre lambiscón. Ni tampoco al payaso del grupo". Sin embargo se encontraba en una habitación de hotel con este último.



Le preguntó si estaban en Paris. Tumbada en esa cama pensaba qué responderle. Hasta donde ella recordaba aquello no era Paris. Le cuestionó si eran strangers. Tampoco lo eran. ¿Acaso sería el alcohol? Con esa sonrisa de ganador escudriñaba su pronta respuesta. Lo recordó pocas horas antes. Lentes de sol. Actitud de hombre de mundo. No se por qué cuando lo obserbava recordaba la canción de Carly Simon "You´re so vain". ¿Por qué sería? Se paseaba con la cerveza en mano por todo el salón. Lo miraba meticulosamente. La posición de retador. Confiado. Presuntuoso. Evidentemente todo un conquistador. Aquel que lanza la red seguro de una pesca exitosa.

Le resultaba curioso. A las 4 pm eran dos conocidos. Una relación que no pasaba de un Buenas tardes. ¿Cómo está? Punto final. Ahora. Nada los separaba. Excepto una respuesta. Solo atinó a besarlo. Aquellos ojos almendrados le impedían atinar a una frase tan estrambótica como lo de Paris. No era la acostumbrada cita frente al mar. Era un encuentro citadino. Llevado por las circunstancias. Por las ganas. Acaso por la mentira. Por saberse el mejor amante del mundo en las lides amatorias. Saberse el apetitoso postre elegido de un yuppie experimentado.


"No te cuestiones. Vive. Tengo lo mejor de dos mundos ¿Matar es considerado pecado? No soy un hombre malo. Bueno, un desgraciado no soy. A las mujeres le gusta les encanta los hijos de su madre. Me gustas. Te tienes que disfrutar. A esa edad, creo, que tendre que pagar por estar con una mujer como tu. No seas tan buenita. Levántame la mirada. Rétame. Que guapa te ví. Salud. ¿Qué picamos? Zancudos" Un breve recorrido por su filosofía de vida. Cierta o no. Al menos eso era la parafernalia habitual.

Ya lo dijo ella en el baño del club. "No podría soportar a un hombre lambiscón. Ni tampoco al payaso del grupo". Sin embargo se encontraba en una habitación de hotel con este último. Ella se lo confesó - y lo sabía - sus gustos en hombres eran normal profile. Pero estaba con él. Un hombre al que comparaban con Don Johnson de Miami Vice. Una especie de dios pagano. Por el que toda mujer de cuarenta moríria por salir. A ella le faltaban diez años. Y siempre se quedaba con ganas de más. Siempre. Al parecer el tiempo mermó la potencia de "ese encanto". Sin embargo siempre quedaba su comentario venido a menos "tan mal no estuvo".

Terminó la confrontación de rigor. Cama alboratada. Sentimientos encontrados. Ropa tirada al azahar. Cerveza en las sábanas. La televisión prendida. El apremio de volar a casa. Las ganas de quedarse. La pierna en juego provocador. Un "me tengo que ir" obligado. Y un sorpresivo "Me quedó". Claro esperaba una perorata de insistencia. Pero solo escuchó un "¿Segura? Ok". Eso fue todo. Un beso deprisa. Más una confesión: "En algun momento me consideré el Robin de Love Machine". Abrió más sus ojos y no pudó creerlo. Había leído a Jacqueline Susann. Ella había buscado hasta el cansacio ese bendito libro. Ironicamente, frente a ella tenía a un hombre que se autoproclamaba el motor de The Love Machine.

Cerró la puerta. No sin antes advertirle que no olvidará bajar el control de la tv y las llaves. Miró como se iba. Como se maximizaba ese pequeño cuarto. Y la soledad jugaba al silencio con ella. Mientras la arrullaba. Se despertó. No sabía exactamente qué hora era. Se cambió. Y cada pieza le recordó una frase lasciva. Se lavó la cara. Cerró la ventana. Y se miró al espejo. Aún tenía luz en la mirada. Asombrosamente, no estaba aterrada. Ella también cerró la puerta. Tomó el ascensor. Y dejó en recepción el control y las llaves. "Disculpe Señorita, ¿el Señor es jugador de futbol?" No, respondió. "Es gracioso, porque me dijo: Me voy a jugar". Sonrió y atinó a decir: "Eso es lo que el cree".

Salió del hotel. Hacia frío y estaba cansada. Evadió las supuestas miradas reprobatorias. Subió al taxi. Mientras cavilaba en "el juego". Un juego es de a dos. Es verdad. Hay partidos fijos atribuidos a ser concluidos por la muerte. Pero hay otros volátiles. Que pueden ser suspendidos al antojo de uno de los jugadores. Ella cerró los ojos. Dando por terminado aquel. Finalmente estaba en Lima con un - simple - conocido.

DON´T YOU?

6 comentarios:

eme dijo...

Me ha encantado, Organza.
Urbana, intrigante, desconocida y cómo no, atractiva tu historia.

¡Muak!

Organza* dijo...

Eme de mi vida!

Extrañaba escribir historias asi =)Te dejo un beso, Reina! Gracias por la visita!

Domingo dijo...

Cazadores cazados y víctimas propiciatorias que se tornan en verdugos. Historias eternas e inmortales. ;)

Organza* dijo...

Do! A veces no me gustarían que fueran tan inmortales, pero puede suceder aquí como en España como en la China. Esas historias de touch & go son ciclicas.

Abrazos de lunes =)

David Nicolalde dijo...

siempre entre líneas virtuales de un ordenador, siempre entre azares, entre casualidades, de entre todos los píxels del mundo, no sé por qué me he encontrado este día con tu blog...

Organza* dijo...

Cosas del destino quizás o tal vez estaba escrito =) Bienvenido y disculpa la tardanza jaa!

Feliz Navidad!