5.17.2010

SL: A 30 AÑOS DEL TERROR

Alguna vez escuché hablar de Sendero Luminoso. ¿Movimiento terrorista? ¿Lucha armada? Yo solo queria dejar de ver muertes, explosiones y sangre.



Tenemos la misma edad. Sus inicios marcaron una generación acostumbrada a apagones. Lamparines a kerosene. Miedo. Coches bombas. Sin teléfono la cosa era más complicada. Y con un padre que hacia servicio resguardando instituciones públicas del país. El panorama era de terror. Recuerdo que por cada estruendo mi mamá se persignaba. Alguna vez escuché hablar de Sendero Luminoso. ¿Movimiento terrorista? ¿Lucha armada? Yo solo queria dejar de ver muertes, explosiones y sangre. Sin embargo, la emblemática decada de los 80 en el Perú, trajo el dolor encarnado en un trapo rojo con la hoz y el martillo. Eran los inicios del terror más encarnizado. Nacia Sendero Luminoso (SL).

Quién iba a pensar que eso revoltosos abigeos - como se refiriera el ex presidente Fernando Belaunde - no serían otros que terroristas. Hombres cegados por el hambre de una malentendida justica y reivindicación popular. Exactamente hace 30 años, en el pueblo de Chuschi en Ayacucho, en nombre de la "revolución popular", un grupo de hombres incendiaron varias ánforas electorales, y así encendieron la llama de una insanía de acciones que cobraría la vida de miles de peruanos.

Si bien en la ciudad de Lima, se sabía de la presencia de Sendero Luminoso - a través de las pintas, coches bombas, atentados a edificaciones gubernamentales - este grupo armado dejo sentir toda la violencia de su inexplicable ideología en la Avenida Tarata en el corazón de Miraflores. La clase media alta de Lima se vio por primera vez tocada por este movimiento. Un coche bomba con 500 kilos de anfo dejó el saldo de 22 personas muertas, 100 heridas y alrededor de 200 viviendas destruidas.


Hasta hoy recuerdo como un padre desesperado llegaba hasta un edificio desplomado y gritaba a voz en cuello: "¡Carlos! ¡Hijo! ¡Mi hijo!". Miraba a todas partes a todos lados. Lo único que habia eran escombros. Carlos nunca apareció.

Es cierto que los peores capítulos de SL se vivieron en la Sierra del país. Pero Lima no estuvo exenta de vivir momentos de angustia. Muchos de nosotros nos dormimos sin un ápice de luz porque los coches bombas habían derribado alguna torre de energía. Y en algunos casos, muchos perdieron familiares en manos de estos asesinos que buscaban la justicia popular de la peor manera, a costa de la vida de compatriotas.

Hoy por hoy, el terrorismmo de SL se ha transformado en el narcoterrorismo. Nada de ideología social. Antes se manejaba una, mal concebida pero al menos tenían un fundamento. Ahora todo es por el dinero. El escenario ya no es la Sierra del país sino la zona del valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) parte Sierra y Selva del Perú. Y la situación resulta más alarmante, pues no se escatima en dinero para la compra de armas, ni para la captación de adeptos.

Que no se repita la historia dicen muchos. Lo cual nosotros reafirmamos. Que no se cometa el error de minimizar. De subestimar las acciones - ahora - narcoterroristas de SL. Se dice que una nación debe aprender de sus errores, y el Perú, además de aprender, tiene la oportunidad de enmendarlos. No la dejemos pasar.

4 comentarios:

Jus dijo...

VOLVI CON MI BLOG...TE ESPERO...UN BESOTE

Organza* dijo...

Al fin! Jus un favor, NECESITO (sí en altas y con signos de exclamación) que saques mi video pls!! Me avisas sip? Besos para ti & Fio =D!

Jus dijo...

que saque tu video de http://libertadperiodistica.com/

xq... bueno te espero en http://elcorazondejuandiego.blogspot.com/ .. cuidese... mi fono

994333754... para negociar lod el video...jajajjaja.. un besote

Carlos Tejadas dijo...

“…Como sucedió en varios otros momentos de nuestra historia militar, la logística y el comando y control de la Fuerza Armada fueron más bien débiles en la relación entre las grandes y las pequeñas unidades. Por eso, la capacidad de iniciativa que tenía cada joven teniente o capitán que se hacía cargo de un distrito, era muy grande. Con muy pocos medios, tenía que alimentar, cuidar y mantener la disciplina de su tropa. A la vez, debía operar y, finalmente, proteger a la población local. Para los jóvenes, inicialmente inexpertos oficiales, al mando de muchachos casi adolescentes, generalmente foráneos (casi siempre llegaban de otras provincias), el desafío era inmenso y las instrucciones mínimas o inútiles.
Por eso, hay veteranos que sostienen que la guerra con Sendero Luminoso fue una guerra de tenientes y de capitanes. En esa situación de responsabilidad e inexperiencia, las diferencias individuales afloraron y fueron decisivas. Muchos jóvenes oficiales se identificaron profundamente con la población que les tocaba defender y se convirtieron en líderes comunales en tiempos de guerra.
En otros, sin embargo, el poder, la distancia cultural, la sospecha y el miedo, los convirtieron en tiranos impredecibles. A veces un tipo de oficiales sucedió al otro de un año al siguiente. Para los comarcanos, sobrevivir no solo suponía enfrentar a Sendero.
Claudio Montoya fue un joven teniente de ingeniería en el Ejército durante los años duros de la guerra. Ingeniero o no, le tocó actuar como infante una y otra vez, en increíbles marchas y misiones entre descabelladas, cómicas, heroicas y muchas veces trágicas. Años después, retirado , escribió una novela en primera persona(1) sobre sus días de campaña, y su lectura enseña más que la mayoría de análisis…”
Gustavo Gorriti, Revista Caretas 2131
(1) La Guerra de los Tenientes, Memorias de la Guerra con Sendero Luminoso. Claudio Montoya Marallano (2008) http://memoriasdelaguerraconsenderoluminoso.blogspot.com