2.16.2009

EN QUIEBRA

Un golpe la sacudió del letargo. La vapuleo hacia adelante. Apenas si podía respirar. Con toda la cabeza sumergida en el agua. Escalofriantemente inmutable ante la desesperación de querer y no poder salir.


No le dio miedo adentrarse al mar. A pesar que se veía picado. Intrincado. Con las olas indomables e impetuosas. Irguiéndose unas tras otra. Como una suerte de tubo lo tapaba todo a su paso. Desenfrenado corria violento. Desesperado por mostrar el ímpetu de su naturaleza. Que lo hacia temible. Y provocador. Hasta quedar en suave espuma que se diluia en sus pies.

En sus pies pequeños. Tostados por el sol de febrero. Con los labios partidos, un hilo de sangre corria por la comisura de su boca ¿Sería el anticipo del dolor? Uno que sabía a salado como el mar. Fuerte como esa sensación de entrega sin reparo. Sin atizbo del peligro. Evadiendo la pronta sensación de ansiedad destinada al abismo afectivo. Olvidando que ese mar podia ser el más consolador. Así como el más devastador.

Se amarró el cabello. Se quedó fija por menos de un minuto. Caminó hacia la orilla. Corrió y se zambulló. Estiró los brazos y se deslizó en el mar. Permitió que le cubriera la piel. Que tocara cada espacio. Que formara parte de su individualidad. Se dejo llevar dejándose guiar a su vera. A sus formas. A su antojo. La fusión era evidente. Sus lineas se ondulaban perfectamente con las olas de ese mar. No existía miedo que valga. No existía mañana. Pasado. O futuro. Solo hoy.

Raudo. Un golpe la sacudió del letargo. La vapuleo hacia adelante. La recogió para adentrarla de un solo aletazo. Apenas si podía respirar. Con toda la cabeza sumergida en el agua. Podia ver su profundidad. Visión turbía y confusa. Febril y lasciva. Escalofriantemente inmutable ante la desesperación de querer y no poder salir. De ver nuevamente el sol en la cara. De sentir - nuevamente - la rudeza de la arena en sus pies. Sus piernas buscaban profusamente el equilibrio para mantenerse a flote. Sus brazos tanteaban cualquier impulso para poder emerger. En sus planes, nunca estuvo morir. Menos ahogada.

La quietud se posó en ella. Tendida sobre la arena. Con los ojos cerrados. Golpeada de costado. Su respiración se mostraba entrecortada. Sus movimientos colapsados. Aún con sus manos extendidas recordaba la escena de un naúfrago que volvía del peor de los enfrentamientos. Derribada. Rendida. Exhausta. Sin más salado que el mar. Y sin más que sentir. Mientras sus afectos divagaban dispersos por la playa.


Dicen que el mar no se queda con nada y todo lo devuelve. Dicen que - en estas lides - la esperanza es lo primero que se debe aprender a perder. Dicen que no existe dependencia sino testarudez crónica. Dicen que no existen dobles discursos sino personas con vendas en los ojos. Dicen que en cuestión de afectos se debe apostar por el gerundio. Dicen que si las dudas constantes rondan sigilosas lo mejor es declararse en QUIEBRA AFECTIVA. Sencillamente, el NEGOCIO NO DA PLATA.

9 comentarios:

juan rafael dijo...

No es un idílico baño en el mar. Ahora todo nos golpea manos la plata.

Alberto Fernando Losario Rofelos dijo...

Yo no tengo ni uno.

Karla dijo...

es una quiebra global!

Organza* dijo...

Rafa y Ole! Que te puedo decir ... hay lo que ves =S .. Jaaa!! Pero ahi vamos =) En la brecha .. Besos mil!!

Organza* dijo...

Fer! =S ... Estas bien? Que fue?

Organza* dijo...

Karlita: La desestabilización económica global se concentró en mi corazón =S ..

Alberto Fernando Losario Rofelos dijo...

Si aquí estamos, ¿¿y usted, como está??

digler dijo...

es que hay casos en los que los salvavidas sirven de poco o nada...


mejor con el aguita hasta los pies

Domingo dijo...

Ya se puede uno poner tozudo y declararse en "quiebra afectiva" que como te llegue alguien al corazón tu mundo vuelve a derrumbarse. Hasta por los caparazones más impenetrables se cuelan los afectos, aprovechando cualquier fisura, por pequeña que sea. De nuestros sentimientos no podemos delegar. Otra cosa es que nos lo creamos, pero es pura quimera.