1.16.2008

La mujer de mi vida

La que sabe de memoria las cinco pastillas que debo tomar. La que tolera mi manía de dejar el cepillo sobre el lavabo. La que subió quince kilos junto a mí y luce bellísima con su túnica palo rosa. La que se me perdió un dia del 56 y otro del 84 apareció.




“La mujer de mi vida, no tiene que ser la mujer que necesito para mi”, arguyó. Los lentes oscuros protegían sus cansados ojos. Testigos de interminables guerras, batallas pérdidas e hirientes palabras. Sofocado por el bochorno continuó. “Lo cual resulta muy distinto a la mujer que merecemos. De pensarlo se me escarapela el cuerpo”. Sus pupilas seguían taciturnas el recorrido de los automóviles y la diatriba se quebró ante el sonido de un claxon. “Me da un Comercio”. Aquella sostenía en sus manos un delgado cigarrillo mentolado. “Se agradece. Quédese con el vuelto”. Giró en U y solo quedó el halo de perfume raro mezclado con el dióxido de carbono de Lima.

“Yo no quisiera a esa mujer en mi cama. Cigarrillos por doquier. Aromas extravagantes y adivino verla en fustanes labrados. Una compañera tan interesante como el alma de un maniquí. Viviendo por éxitos aún no alcanzados y muriendo por afectos jamás conocidos”. Ahora una blanca gorra con el logo de Michelín cubria su otoñal rostro de los rayos del verano.

Se sentó lentamente en la estrecha vereda de la avenida Dos de Mayo. “La mujer que me robaba todo. El dinero del mes, los calcetines recién estrenados y hasta el sueño. Su cabello era una delicia. Todo desperdigado y ébano por doquier. Me llevaba fruta al taller y reposaba viendo como devoraba los primeros melocotones de estación. El jugo indagaba por sus labios y asomaba por su mentón. Lástima. No fue la mujer de mi vida. Fue la mujer que la vida escogió para mí. La madre de mis cuatro hijos. La que cambio el juego al viento por los guisos mal aderezados".

Sus desgastadas zapatillas azules alcanzaron una apabullante moto. “¿Te queda Caretas? ¡Qué bueno! Una please. Gracias”. La voz juvenil se perdió en la medida que el semáforo contabilizaba los 50 segundos del paso del rojo al verde. “Quizás esa muchachita sea el jolgorio de los días de un viejo como yo. Pero ya no podría. Y pensar que hay muchos de 35 que parecen de 60. Sin ganas, sin fuerzas, sin esperanzas, sin emoción. Algo como el acompañante de ese cascabel hecho tentación. Tampoco será la mujer de su vida. Demasiada algarabía para tan poca presunción”.

"Quise a una mujer. Y la quise para mí. Sus manías, su mirada, sus histerias, sus groserías y maldiciones. Era el pan con mantequilla de mis días. Tan erudita como Nostradamus y tan inocente como rin tin tin. No sabía la tabla del 8 pero cómo sabia aplicar otros números. Mis días eran un festín de platos voladores y pleitos por calles y plazas. Aún así la quería para mí. Y la amé al borde de la locura. Tan enfermo quedé que me casé, enviudé, me arrimé y nunca la olvidé. Pero tampoco la anhelé”.

“Señor disculpe, creo que me perdí ¿Conoce la calle Paz Soldàn?”, preguntó inquieta. “Es una de estas paralelas. Dos cuadras para arriba y a la izquierda”, respondió resignado al terrible sopor de mediodía. “¿La vieron? Tan vulnerable. Frágil y nada lúcida. Presa apetecible para aquel que desea una geisha. Es que lo veo. Párate de cabeza. Cocina. Plancha. No mires. No hables. No respires. Ya no me quieras tanto. ¡Vete! Generalmente terminan curadas, exitosas y con una vida rediseñada lejos del averno”.

“Gracias a Dios – y hasta hoy – la mujer que merezco nunca ha llegado a mi puerta. Pienso que le dieron mi dirección, pero la muy sosa la extravió. Me la imagino enorme, intensa, bígama, miope, cruelmente ninfómana y adicta a las tortas de chantilly. Si la iglesia quedara más cerca, ya estaría de rodillas implorando que nunca me alcance. Rogando a los santos que un trailer la aplaste o que una marcha de Construcción Civil la haga añicos”.

“Señor tome. Le obsequio para que se refresque”, sonrió tímidamente, entregó la botella con agua y siguió con su andar ligero e imperceptible. “Así llegó la mujer que duerme todas las noches – y a veces tardes – junto a mí. Ella que venda mi brazo todas las tardes después del trabajo. La que sabe de memoria las cinco pastillas que debo tomar. La que tolera mi manía de dejar el grifo abierto y el cepillo sobre el lavabo. La que deja escapar una risa ante el mismo chiste del hombre calvo. La que subió quince kilos junto a mí y luce bellísima con su túnica palo rosa. La que se me perdió un dia del 56 y otro del 84 apareció. Callada, melódica, nada estrepitosa. La que me levanta la voz y me acoge en su regazo. Ella que con su sencillez trajo abajo todo mi mundo para crear un universo de dos. La mujer de mi vida no es la que merezco, ni mucho menos la que necesito. La mujer de mi vida es la que siempre quise para mi".

12 comentarios:

Alberto Fernando Losario Rofelos dijo...

La mujer que yo quiero no necesita, bañarse cada noche en agua bendita.

La mujer que yo quiero me ató a su yunta, pero por favor no se lo digas nunca.

digler dijo...

la mujer que uno quiere es aquella que nos busca sin proponérselo

Giancarlo dijo...

Definitivamente la mujer que uno desea en la vida es la que uno quiera para sí. Pero el destino y todas su matices nos dan el revés o la sopresa. Yo no me puedo quejar porque en mi caso no es perfecta, pero si ideal para mí.

Besotes, Mire.

Organza* dijo...

Fer!

Prometido! Queda guardao vuestro secreto bajo siete llaves Pardiez! y Olé! =D

Organza* dijo...

Digler.. y sin pensar y como jugando emprenden una historia juntos.. la cuestión es ¿Qué sucede cuando compartes una vida y no te percatas de que ya no vas solo sino que alguien va a tu lado? =S

Organza* dijo...

Gian! Yo rogaría al destino que con un revé de mano alineara las piezas de mi rompecabezas para poder narrar la historia de una buena vez.. es muxo pedir jaaa!

Yo sé que adoras a Edith la mujer de tu vida/ la mujer que quieres solito para ti! Euchhh!!!

Besos

Alberto Fernando Losario Rofelos dijo...

Ole y grax por guardar mi secreto a voces.

P.D: porque siempre me llamaste Fer y no Alb?? Acaso sabías quien era quien desde antes??

Organza* dijo...

Ummm! Pues llamalo instinto o coincidencia a pesar de que el nombre Alberto siempre estuvo ahi siempre me jalo más el Fernando y nada comencé con el Fer!!!!!! Jaaaaa!!

Pero no sé quien eres? Te juro! Debería saberlo o deducirlo?

Cuidate un cielo Fer!

carmendelly dijo...

me encanto tu post! pasare mas seguido..

Organza* dijo...

Gracias y bienvenida! A mi encanta el feeling con que escribes.. Realmente me hubiera gustado a tu edad tomar las cosas de la vida asi con tanta buena onda y valia a mil!

Besos y te agrego!

Mire

Alberto Fernando Losario Rofelos dijo...

Lo dejo a su conciencia doña Organza ^^

Daniella Toledo dijo...

Que bello y bien guiado texto. Es tuyo cierto? Me has regalado una sonrisa con él. Saludos de Chile.